A veces es difícil pensar en la pérdida de libertad, ya que ésta forma parte de la integridad del ser humano. La experiencia de Victor Frankl es impactante, a la medida que vamos leyendo cada palabra, nuestra mente va dando vueltas en un mundo de ideas, imaginando las penurias que debió pasar en el campo de concentración, sin embargo, el optimismo sigue allí latiendo, “ilusión del indulto”, dicen que la esperanza es lo último que se pierde, las palabras de Frankl lo confirma. En el libro se cita lo siguiente: “No nos gusta hablar de nuestras experiencias. Los que estuvieron dentro no necesitan de estas explicaciones y los demás no entenderían ni como nos sentimos”, ahora bien, ¿Es posible aprender de las experiencias ajenas o es necesario enfrentarlas por nosotros mismos? Quizás las experiencias ajenas puedan hacer algún efecto en nosotros, darnos ideas, en fin, si es verdad, podemos aprender algunas cosas importantes de las experiencias de nuestro prójimo.
Para mí la libertad es una condición y es parte de mí como ser humano. Mi campo de concentración lo viví en mi propia casa, hasta hace días sentía la tranquilidad en ella, como una fortaleza donde nada malo podía pasarme, pero nunca me imagine que personas podrían hacer tanto daño a la tranquilidad y hacerme perder mi libertad, no solo la mía sino la de toda mi familia. Frankl relata la "curiosidad" como un sentimiento, en donde no sabes lo que pasará, pero justo en ese instante en tu mente pasan infinitas cosas que te dejan una huella, yo viví la "curiosidad" tras el ataque de dos individuos armados cuyas intensiones aún desconozco, pero lo que si sé es que no solo privaron mi libertad como ser humano sino que llenaron de angustia el corazón de mis padres y mi familia.
Es impresionante lo que puede suceder una mañana tranquila en un lugar silencioso, acompañado el día por una rutina. Desperté y al abrir los ojos me di cuenta que Dios me regaló un nuevo día. Salí de mi casa rumbo a la universidad mientras mi papá, como es costumbre, se encontraba afuera esperándome para irnos, en ese momento siento la presencia de dos personas, una corre hacía a mí, con un arma e intensiones que no sentía claras, entré rápidamente a la casa y cerré la puerta con llave en eso me doy cuenta que mi papá esta afuera y no tiene como defenderse ante estos hombres, me asomé por el ojo mágico de la puerta y veo a mi papá en el suelo con sus manos en el cuello, y su vida en las manos de dos seres que sin pensarlo pueden acabar con ella sin compasión, simplemente no les importa como a mí, como a mi madre y a mis hermanas la vida de mi padre. En eso uno de ellos le preguntó a mi papá si la puerta se encontraba abierta, el respondió con mucho miedo que sí, ya que él no sabía que yo la había cerrado, el sujeto que me estaba persiguiendo responde que ya yo había entrado y cerrado la casa. En ese momento por mi mente pasaron muchísimas cosas, tenía mucho miedo, ver a mi papá ahí me hacía querer parar el tiempo o haber sabido lo que sucedería para detenerlo, no quería perder a mi papá. Cuando vi que se alejaban abrí la puerta con mucho cuidado, le hice señas a mi papá y el entró gateando cuando lo abrace sentí que estaba conmigo, ya el peligro había pasado, mi papá estaba a salvo y a mi lado. Sentí que los segundos fueron claves, pensé en tantas variables, pude haber demorado más aquella mañana y esos hombres hubiesen tenido tiempo de entrar a la casa, o quizás segundos mas y no me hubiese dado tiempo de entrar nuevamente a la casa y quién sabe que hubiese pasado.
Mis padres están muy asustados, mi abuelita lloró, en su rostro vi lágrimas correr de miedo. Todos hemos perdido la libertad, no salimos con la misma confianza, tememos que nos sigan, a que nos busquen para hacernos daño. Este es nuestro propio campo de concentración y lo soportamos en familia.
Algo importante, nuestra propia existencia, me refiero con esto, a que nada nos liga a lo material, simplemente en nosotros mismos esta la libertad, es difícil pensar en ella tras este momento vivido, pero siento que la libertad esta en mi, incluso encontrándome en mi propio campo de concentración.